miércoles, 07 de noviembre de 2007
Como la mujer de ojos tristes, porque no se atreve sino a soñar con un chico de la vecindad; como la triste fuera yo, y me convirtiera, por obra y gracia de la solidaridad divina, en una mujer alegre de piernas blancas y bien formadas, con una flor en el ombligo.